

El capítulo sigue abierto
Emily pasó su carrera siendo la visión de alguien más: modelo, camaleón, recipiente de los sueños ajenos. Ahora, con ocho meses de embarazo de su tercer hijo y construyendo algo propio, está aprendiendo lo que significa elegir su propio camino. Todo empieza, dice ella, con el sueño.
Hay una versión de Emily DiDonato que el mundo memorizó: el editorial de Glamour, las campañas de Maybelline a lo largo de 13 años, su cara en Times Square a los 17 años, todavía en la preparatoria, junto a Christy Turlington en el rodaje comercial más importante de su vida. Esa versión era real, solo que no era toda la historia.
"Siempre supe que quería una vida más grande que la que me tocó", dice. Creció en el norte de Nueva York, hija de un bombero de la ciudad y una mamá dedicada al hogar. No tenía un plan, tenía una corazonada, y aunque parecen lo mismo, no lo son: buena parte de su vida adulta la ha pasado aprendiendo esa diferencia.

La carrera como modelo llegó antes de que ella pudiera siquiera desearla. Una sesión para Glamour en su último año de preparatoria, arrancada de las vacaciones en Jersey Shore para una prueba de ropa que no sabía que lo cambiaría todo. Maybelline vio ese editorial, la llamó, y Emily, que apenas había modelado antes, se encontró dentro de una maquinaria que no terminaba de entender y que no podía frenar.
Durante años, vivió con lo mínimo. Vuelos nocturnos entre un trabajo y otro. Durmiendo donde podía: en aviones, en carros, en cuartos de hotel en ciudades de las que se iba antes de aprenderse su nombre. "Recuerdo pensar: esto es demasiado difícil", dice. "Me estaba afectando mucho mentalmente. Necesitaba días enteros para recuperarme, tirada en cama tratando de compensar el sueño perdido, lo cual todos sabemos que no es posible."
No puedes recuperar el sueño perdido. La ciencia lo confirma ahora. Pero a los 17, 19, 22 años, ella no tenía esos datos. Tenía fuerza de voluntad y juventud, y gastó ambas. La solución de sueño que devuelve esa recuperación todavía no existía.

Convirtiéndose en un ícono
La carrera como modelo le dio una plataforma. También le dio una larga educación sobre lo que significa ser un vehículo para la visión de alguien más. "Como modelo, básicamente llegas, eres el camaleón de otra persona y haces realidad el sueño de alguien más." Durante años fue buena en eso. Pagaba bien. Abría puertas. La llevó a Tailandia, a París, a sesiones que recordaría treinta años después. Pero no era suyo.
El salto al emprendimiento trajo un peso diferente. La libertad que tanto había buscado llegó acompañada de una inseguridad que no había anticipado. El síndrome del impostor. La ausencia de una dirección clara. "Es mucho más fácil que te digan qué hacer, cómo ser, cómo verte." Sin eso, tuvo que descubrir qué pensaba realmente.

Le dijeron que su valor disminuiría con la edad, que la industria tenía fecha de caducidad y que ella se estaba acercando a ella. Recuerda haberse sentido aterrada a los 29. Hoy tiene ocho meses de embarazo, sigue construyendo, sigue trabajando y, de alguna manera, sigue diciéndole que sí a los proyectos que siente como propios.
"El universo sigue haciendo que mis sueños se hagan realidad", dice, sin ironía.

El panorama completo
El sueño es la base de todo. La maternidad lo hace aún más complejo. Dejas de dormir bien cuando te conviertes en madre. Dejas de dormir bien cuando estás embarazada. Dejas de dormir bien cuando la ansiedad te consume pensando en la persona que se supone que debes ser después.
Nadie te avisa cuánto el embarazo destruye el sueño. Emily lo dice ahora, porque ya lo vivió dos veces y esta vez tenía algo diferente. El Pod rastreando los cambios que ella podía sentir pero no nombrar: temperatura fluctuando, variabilidad de frecuencia cardiaca visible de un vistazo, datos biométricos que convirtieron su cuerpo en algo comprensible.
"Muchas cosas cambian cuando estás embarazada y definitivamente puedes sentirlo. Pero Eight Sleep te ayuda a verlo y a trazarlo."