

Federico Chingotto
Jugador de pádel profesional
El juego mental
Hay una versión de Federico Chingotto que el mundo ya conoce. La del jugador explosivo del lado derecho. El recuperador incansable. Uno de los mejores del mundo. Pero su historia empieza en un lugar completamente distinto: un estacionamiento en Argentina, a las 3am, esperando que comenzara un torneo.
Orígenes
Federico Chingotto creció en Olavarría, una ciudad de 100,000 en la provincia de Buenos Aires donde el pádel no era un deporte, sino un idioma. Sus padres jugaban. Su primo jugaba en la calle frente a la casa. A los cinco años, Fede ya tenía una raqueta en la mano. No la ha dejado desde entonces.
“Se me metió en la sangre,” dice. “Siento que es mi vida. Cuando mi cabeza se llena demasiado, ir a entrenar me da vida.”
Es el único hijo de unos padres que le dieron un mensaje claro. En la puerta de su habitación de niño colocaron una frase que nunca lo ha abandonado: siempre intenta ser el mejor, nunca creas que lo eres.
“Esa frase me marcó. Me impulsa cada día.”

El ascenso
El camino de Olavarría a la cima del pádel mundial no fue lineal. Requirió, entre otras cosas, dormir en un coche.
Cuando faltaban recursos, Fede y su pareja manejaban al torneo la noche anterior, se ahorraban el hotel y dormían en el coche. Se despertaban, manejaban a la sede y competían. “Conozco muchas gasolineras en Argentina,” dice, con algo entre orgullo e incredulidad ante el recuerdo.
Para juntar dinero para viajar, participó en rifas y sorteos para recaudar fondos (lo que en España llaman tómbolas). Los patrocinadores eran escasos y los premios en el nivel juvenil no cubrían los costos. Así, cada torneo era un cálculo donde un mal resultado significaba que el próximo torneo podría no suceder.
“Sabía que solo tenía una oportunidad. O funcionaba o regresaba a Argentina y el pádel solo sería un hobby. No creo que exista una presión más grande que esa, saber que tienes una sola bala para hacer realidad tu sueño.”
En julio de 2016, él y su pareja ganaron un lugar para calificar a un torneo del circuito europeo en Alicante. Tuvieron dos días de entrenamiento. Pasaron la pre-previa, la previa, y llegaron a los octavos de final, donde enfrentaron a Paquito Navarro y Sanyo Gutiérrez, quienes en ese entonces ocupaban el puesto #12 del mundo.
“Eran nuestros ídolos. Los habíamos visto en nuestros teléfonos. Nos ganaron 6-0, 6-1 en 45 minutos. Pero esa sensación, entrar a la cancha principal con el público lleno, tenía el corazón contento. Para nosotros, llegar a octavos de final desde la clasificación fue un premio.”

El clic
Durante ocho años, Fede compitió al máximo nivel y no ganó ningún título. No fue por falta de esfuerzo ni de talento. Las finales llegaban, pero se le escapaban. La diferencia, ahora lo entiende, estaba casi por completo en la cabeza.
“Un día algo hace clic. Empiezas a sentirte más seguro. Cuando llegas a esa final, estás un poco más tranquilo. No lo entiendes del todo mientras pasa. Pero algo cambia.”
La llamada que cambió todo llegó mientras iba de camino a cortarse el pelo.
Alejandro Galán, ex número 1 del mundo y cinco veces campeón mundial, llamó para proponer una alianza. “Iba saliendo de la peluquería y me quedé congelado. No lo esperaba. Obviamente era mi idea, pensaba que podíamos construir algo grande juntos. Pero escucharlo de él, así de la nada, me dejó impactado.”
Su primer año juntos: 15 finales consecutivas. Cinco títulos. El clic había llegado.

La noche anterior
Fede juega más de 90 partidos oficiales al año. La semana va de lunes a sábado, dos sesiones al día, trabajo físico en la mañana y pádel en la tarde. De siete a ocho horas de entrenamiento, diario.
A ese volumen, dormir no es un lujo. Es una variable de entrenamiento.
"La calidad importa más que la cantidad. A veces duermes nueve o diez horas y sigues sin sentirte descansado. Lo he visto en mis datos. Las fases de sueño profundo y cómo te mueves durante la noche, eso es lo que importa."
La noche antes de un final, la ansiedad se manifiesta de una manera específica. “Me da hambre. Como nervioso. Ahora me conozco, coloco fruta para no atacar el chocolate.”
Apaga las pantallas. Tiene dos anclas. La primera: videos de pesca. Un hombre con una GoPro, parado en la orilla de un río, esperando. “Soy hiperactivo. Nervioso. Y de alguna manera, al ver gente pescando, me quedo completamente quieto. Puedo imaginar que estoy allí con él. Me lleva a otro lugar.”
El segundo: Dragon Ball. Uno o dos episodios. Luego, a dormir.
“El deporte de alto nivel es casi completamente mental. Incluso el reinicio tras una derrota es mental. Puedes tener una semana libre, pero si tu cabeza no se ha detenido, es como si no hubieras descansado en absoluto.”

Recuperación como disciplina
Hace dos o tres años, Fede no dormía bien. Era hiperactivo por naturaleza, su mente corría rápido, incluso en la oscuridad. Mantenía su teléfono cerca. Se desvelaba. Compensaba con largas siestas porque tenía una deuda de sueño de la noche anterior.
“Me estaba activando con todo, sin darme cuenta. No podía descansar. Luego alguien me mostró el camino, quitando pantallas, luz roja por las noches, cosas que ayudan a relajarte. Y cuando lo pruebas y sientes la diferencia, comienzas a poner más atención.”
Ahora la recuperación está estructurada. Después de cada partido: Hablar con la familia. Una ducha. Tratamiento con el fisio, idealmente antes de la cena. Sin excepciones. "Ese momento es como si el partido nunca hubiera ocurrido. El cuerpo se reinicia. Luego, de vuelta a la cama."
Después de un partido nocturno, que a veces termina a las 9 o 10 pm, la adrenalina no baja hasta las 2 o 3 am. El Pod de Eight Sleep lo mantiene estable. "En verano me da mucho calor. Lo pongo frío, en menos 2. Te da esa sensación de frescura que te hace querer acurrucarte más. Al día siguiente noto la diferencia en la recuperación."

El sueño
“El sueño ya está sucediendo. Lo estoy viviendo. Puedo ayudar a mi familia, viajo bien a los torneos, y tengo las herramientas para rendir. Cuando las cosas van mal, pienso en dormir en el auto, en las rifas, en ese tiro, y estoy agradecido. Inmediatamente.”

